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Thursday, October 31, 2013

Reencarnaciones, zombies, ritos, tabús y la sociedad letal.

"Paradojas de la mitología moderna: para el hombre primitivo, dice la leyenda, el tiempo no tiene sentido; para el hombre civilizado, en cambio, es la muerte la que no tiene sentido. Todo en cuanto no es moderno —lo antiguo, lo salvaje, lo bárbaro— le da algún sentido a la muerte." Roger Bartra, antropólogo.
 "En nuestra sociedad, tan amiga de la fotografía, la última escena del álbum familiar, el entierro, siempre falta." Nigel Barley, antropólogo.


PARA QUE EL MUERTO NO VUELVA...


La mayoría de los ritos y ceremonias funerarios tienen un origen común: el horror ante la eventualidad de que el espíritu del fallecido pudiera regresar para perturbar la paz de los vivos.

Y como al ser humano la imaginación no le falta, las triquiñuelas son variadas y, las más de las veces, muy curiosas.

Antiguamente, en los pueblos noreuropeos, se ataba el cuerpo después de decapitarlo y de amputarle los pies. Para que si volvía, no pudiese correr.


En los pueblos mediterráneos antiguos enterraban a los seres queridos lejos del poblado. En algunas comunidades, se sacaba el cadáver por la parte trasera de la casa, o se abría un boquete en la pared que después era tapado. Al volver, para asegurarse, daban varias vueltas por los alrededores, para desorientar al muerto.
En la antigua Roma, cuando llegaban al cementerio ya había anochecido del
todo. Asociaban el fuego con la muerte, por lo que al llevar al muerte al lugar del entierro, llevaban antorchas. De hecho, la palabra "funeral" viene de la voz latina "funus", que significa "tea encendida".
Los habitantes de la aldea de Trunyan, en la isla de Bali, suelen dejar los cadáveres de sus seres queridos en unas jaulas de bambú, para que la putrefacción haga su laborioso cometido.
Para los tibetanos budistas, no hay ninguna necesidad de preservar el cuerpo, ya que navegará por la senda de los cielos como un “barco vacío”. Por eso, en algunas aldeas, siguen la práctica que se conoce como Jhator, que en tibetano significa “dar limosna a los pájaros”. La generosidad y la compasión para todos los seres son importantes virtudes en el budismo, así que desmenuzan el cadaver en trozos pequeños para posteriormente ofrecérselo a las aves. 


En nuestra sociedad, simplemente tomamos la precaución de encerrarlos en una caja de madera, y colocamos una tapa, cuanto más clavos mejor, en el ataúd. Los bos de China, por si acaso, colgaban sus ataúdes en precipicios. Nosotros en cambio, la cubrimos con una pesadísima losa, la lápida. Con el luto, evitamos que el alma del muerto penetre en el cuerpo de los vivos, en un intento de borrar la propia imagen para despistar al alma en pena. En otros pueblos, el luto se expresa mediante el color blanco, para disfrazarse de espíritus no vivos, desorientando así a los posibles intrusos del mundo del más allá.
El tabú de la muerte es bien conocido en nuestra sociedad. En nuestra cultura estamos acostumbrados a todo tipo de eufemismos para referirnos a la muerte: por ejemplo, preferimos decir ‘cuerpo’ para no hablar de ‘cadáver’. Pero no es el único. El antropólogo británico James Frazer, en su libro La rama dorada, cita muchas de las culturas en las que existen tabúes relacionados con la manera de expresar la muerte, e incluso de nombrar a los muertos. Así, pueblos tan alejados como los guajiros colombianos, los mongoles o los tuaregs del Sahara evitan pronunciar el nombre de las personas fallecidas para impedir que la muerte regrese a por más víctimas.
Es singular el caso de los aborígenes australianos quienes, como muchas tribus indias, ponen a sus hijos nombres de objetos y animales. Así, con el muerto, cuyo nombre no se puede volver a pronunciar, desaparecen palabras de uso común -águila, fuego, árbol, nube- para las que inmediatamente hay que encontrar una nueva denominación, de manera que el idioma cambia constantemente y de forma caprichosa en cada pueblo, tribu, barrio o familia.
Entre los indios navajos se considera una grave descortesía interesarse por la salud de los otros, porque piensan que el mero hecho de mencionarla puede acabar con ella. Así que mejor no preguntárles qué tal están o cómo se encuentran.

SONRISAS Y LÁGRIMAS FÚNEBRES.

Quizás más complicado que desorientar al alma en pena para que no nos de un susto, es que las almas de los vivos tampoco nos las den. Afrontar la muerte es un acto difícil que ha dado frutos a muchas prácticas singulares en todo el mundo. 

La muerte en occidente se enfrenta, generalmente, con caras lánguidas, voces apesadumbradas y pausadas, comentarios comedidos, y quizás alguna que otra sonrisa de comprensión. 


"Nosotros bailamos y hablamos para confortar a los familiares. Si los demás estuviéramos sentados, tristes y abatidos, entonces el dolor de los familiares rebasaría con mucho al nuestro. Si nosotros nos limitásemos a estar afligidos, ¿a qué cotas de dolor llegarían ellos? Por tanto, nos sentamos a hablar, a reír, y a bailar hasta que los familiares también se ríen." 
A los Nyakyusa de Malawi, la sobriedad de un funeral occidental los llena de asombro.
  
Tienen compañeros de bromas funerarios a los que se les asigna la tarea de insultar y exasperar constantemente a los muertos y deudos, los cuales no pueden mostrarse ofendidos. El lanzamiento de excrementos e insultos, los intentos de copular con el muerto, la glotonería y la ebriedad... emplean la anomalía, lo repugnante, el insulto, y la ambigüedad para definir la naturaleza de un acontecimiento peligroso y marginal, la propia muerte. De este modo, se mantiene la muerte y el dolor a la distancia social apropiada. En palabras de los loDagaa de Ghana: "Una persona con la cara larga no puede lamerse su propia herida"
No es un caso aislado. Los betsileo de Madagascar se han ganado la desaprobación de los misioneros por lo mucho que disfrutan celebrando los funerales: realizan combates entre hombres y toros, beben hasta quedar inconscientes y se cubren el rostro con las telas empleadas como mortajas para entregarse ciegamente a actos sexuales orgiásticos e incestuosos.
La etnia merina de Madagascar, los mismos betsileo y los bara, celebran un doble enterramiento. Cada 4-7 años, se celebra una exhumación o “famadihana” (literalmente “vuelta de los huesos”), siempre de carácter festivo que va acompañada de la ingesta de muy generosas cantidades de alcohol, música y bailes. Básicamente los celebrantes van en procesión cantando y bailando hasta la cripta donde están enterrados los cuerpos. Se les saca de allí, se les envuelve en un sudario nuevo y blanco y literalmente se les saca en procesión a hombros para que participen del festejo que puede durar varios días. Durante esta parte de la celebración, los vivos hablan con ellos directamente, es como un reencuentro con la persona cuya pérdida fue tan dolorosa unos años antes. Se les cuenta cuáles han sido las novedades en la familia y los cotilleos vecinales, se baila con ellos y se celebra que formalmente pasan a formar parte de los razana familiares. Los fragmentos de los sudarios son muy apreciados por los malgaches ya que se les supone unos potentes talismanes de la fertilidad. Las mujeres que quieren quedarse embarazadas toman trozos de sudario para colocarlos en sus almohadas. Acabada la celebración, se retornan los cuerpos a sus tumbas hasta el siguiente famadihana. Los participantes no deben mostrar tristeza en ningún momento del proceso.
  

REENCARNACIONES, VUDÚ Y CERTIFICADOS.

 
En pueblos como los dowayo la muerte es algo mucho menos preciso que entre nosotros. Cualquiera que se desmaya o cae en coma es descrito como "muerto", y abundan las historias de gente que ha resucitado después de que empezaran a envolver sus cuerpos.


La reencarnación es una creencia para nada excéntrica. “La irreversibilidad de la muerte biológica es un hecho científico moderno." advierte el filósofo y sociólogo Jean Baudrillard. "Es específico de nuestra cultura. Todas las otras afirman que la muerte comienza antes de la muerte, que la vida continúa después de la vida y que es imposible discriminar la vida de la muerte.”

A veces, no es necesario la eliminación total de la persona, sólo su alma, a través de lo que Levi Strauss llamó shock sociocultural, cuando "la integridad física no puede soportar la disolución del ser social". Es el ejemplo de la muerte vudú. El embrujado piensa firmemente que se muere sin remedio por estar sometido al conjuro, con su fé reforzada con las historias de horror que ha oído contar desde niño. Si a esto le añadimos el profundo rechazo social al que el embrujado está siendo sometido, los cuales evitan al condenado como si ya estuviese muerto (al igual que el ostracismo griego), el resultado es una muerte sin lesión, debida al miedo.
La sociedad secreta Bizango prefiere convertir a sus hechizados en zombies esclavizados. Conlleva la administración de la ortodoxina, el veneno del pez globo japonés, para simular la muerte de la víctima y condenarle a una vida de esclavitud.

Siempre ha asombrado el gran sentimiento de comunidad de los inuit que les hace repartirlo todo entre todos y a darlo todo por la supervivencia del pueblo, pero este hecho también tiene sus pegas. En el pasado, en épocas de penurias, los primeros en sacrificarse era la gente mayor, que simplemente, se suicidaba. 

En Occidente ninguna muerte se considera real sin un certificado que explique la "causa de defunción". La "muerte por envejecimiento" ha dejado de ser una causa aceptable para el certificado, tiene que añadirse una enfermedad concreta que nos haga ver que la muerte no tiene porqué ser algo inevitable. La falta de respiración o pulso, frialdad y rigos mortis, relajación de esfínteres, insensibilidad ante los estímulos eléctricos, pueden darse sin que se certifique la muerte. El único signo seguro y certero de la muerte es el comienzo de la putrefacción del cadáver.

Es una perspectiva nihilista ante la muerte. Edgar Morin, sociólogo y filósofo, explica que:
“El hombre oculta su muerte como oculta su sexo y sus excrementos. Se presenta bien vestido [...] Se diría un ángel. Se comporta como un ángel para expulsar a la bestia. Se avergüenza de su especie: le parece obscena”.




Baudrillard y Louis-Vincent Thomas, sociólogo y antropólogo, parecen estar de acuerdo en que el tabú de la muerte está relacionada con el control social. Baudrillard sugiere que el hecho de que la muerte sea ocultada, significa más bien que es omnipresente:

"Sabemos lo que significan esos lugares inencontrables: si la fábrica ya no existe es porque el trabajo está en todas partes [...], si el cementerio ya no existe es porque las ciudades modernas asumen por entero su función: son ciudades muertas y ciudades de muerte. Y si la gran metrópoli operacional es la forma lograda de toda una cultura, entonces, simplemente, la nuestra es una cultura de muerte."
Una sociedad letal: desde la industria bélica y la violencia por parte del Estado, hasta la cuota de cadáveres que consumimos en los medios todos los días. Por supuesto, si se trata del Primer mundo, se ocultan los muertos "por respeto" y se construye una tapadera de lo inevitable de la muerte a través de banderas, ostentaciones militares y tecnológicas, mensajes esperanzadores de los mandatarios...
Sin embargo, si la catástrofe sucede en un país tercermundista, todo apunta a una especie de pornografía de la muerte: primeros planos de cadáveres, imágenes de dolor, zoom de miradas desesperadas, etc. Pero a nosotros no nos pasan estas cosas. Al igual que en nuestra ciencia, hay una separación entre sujeto y objeto, entre la muerte objetiva lejana y ajena a nosotros, y nuestra vida reluciente y perfecta. Como la distancia que construímos entre los cuerpos decrépitos, envejecidos, discapacitados, y nuestros cuerpos de anuncio. Como cuando arrojamos flores a cierta distancia a la fosa.


La impermanencia es a lo único a lo que nos podemos aferrar, aseguran los budistas. "Se creen que experimentar tales estados ha de ser algo así como ser arrojado por la escotilla de una nave espacial para flotar eternamente en un vacío oscuro y helado. Nada podría estar más lejos de la verdad. Pero en un mundo dedicado a la distracción, el silencio y la quietud nos aterrorizan, y nos protegemos de ellos por medio del ruido y las ocupaciones frenéticas." asegura el maestro Sogyal Rimpoché.
Nosotros, y nuestra sociedad letal, al igual que nos comemos a los caníbales, preferimos matar al muerto.

 


Fuentes:
"Bailando sobre la tumba" Nigel Barley.
"Historia de las cosas" de Pancracio Celdán.
“Libro tibetano de la vida y la muerte” Sogyal Rimpoché
http://pepoladas.over-blog.es/article-rituales-de-enterramiento-38204996.html
http://tejiendoelmundo.wordpress.com/category/catacumbas-y-cementerios/
http://elbauldejosete.wordpress.com/asombrosas-culturas/
"El salvaje artificial" Roger Bartra.
http://jorgealbertoaguiar.blogspot.com.es/2007/01/el-estado-como-fetiche-el-fetichismo.html
http://jdeanicite.typepad.com/i_cite/2005/02/already_zombies.html
http://emc.eserver.org/1-4/hawkes.html
http://www.scribd.com/doc/74211707/Comaroff-and-Comaroff-Alien-Nation-Zombies-Immigrants-And-Millennial-Capitalism.
Nigel Barley, "Bailando sobre la tumba"
Edwin Ardener, "Witchcraft, Economics, and the Continuity of Belief" in Douglas (1970), 141-160, quotation from 154.
Wim van Binsbergen, "Witchcraft in modern Africa as virtualised boundary conditions of the kinship order."
Peter Geschiere, The Modernity of Witchcraft: Politics and the Occult in Postcolonial Africa trans.
A.R. Radcliffe-Brown, Prefacio a African Political Systems.
Philip Abrams, “Notes on the Difficulty of Studying the State.
http://digital.csic.es/bitstream/10261/8225/1/Jornades12_Marti%C3%8C%C2%81.pdf
http://www.psikeba.com.ar/articulos03/10-01/el-terror-en-michael-taussig-y-jean-baudrillard-del-estado-de-emergencia-al-no-evento.html  

“La construcción mediática de la muerte. Un estudio desde la filosofía, la antropología y la semiótica” Juan Carlos Herranz, Mónica Lafon. http://biblioteca.itam.mx/estudios/60-89/87/JuanCarlosHerranzLaconstruccion.pdf
http://www.socargcancer.org.ar/actividades_cientificas/2006_hombre_ante_la_muerte.pdf
E. Morin, El hombre y la muerte.
L.V. Thomas, La muerte.
L.V. Thomas, Antropología de la Muerte.

L. V. Thomas, El cadáver: de la biología a la antropología.
J. Baudrillard, El intercambio simbólico y la muerte.

Sunday, September 22, 2013

El tiempo, los mitos, y el relámpago que se nos hace largo.

"El tiempo no es oro. El oro no vale nada. El tiempo es vida." 
Jose Luis Sampedro.

"Quizás la más grande lección de la historia, es que nadie aprendió las lecciones de la historia"  
Aldous Huxley, escritor. 

Alrededor de 1880, un joyero neoyorquino llamado Willard Bundy y un físico y matemático escocés de nombre Alexander Dey desarrollaron sistemas de medida de tiempo para registrar la entrada y salida del trabajo de los empleados. La puntualidad es una virtud esencial y necesaria para vivir armoniosamente en sociedad.
Frederick Taylor, obsesionado con la eficiencia absoluta en la administración de las fábricas, llegó a cronometrar el tiempo de los movimientos de cada trabajador: 
-abrir y cerrar cajones de carpetas, sin seleccionarlos: 0,04 segundos; 
-levantarse de la silla: 0,033 segundos; 
-moverse en la silla hasta un escritorio adyacente, distante a un metro, 30 -centímetros: 0,050 segundos.

Pero esto no es todo: “como resultado de producir y consumir más, tenemos menos tiempo. Esto funciona así: a mayor eficacia en la producción, cada individuo debe producir más bienes por hora. Y si aumenta la productividad, para mantener activo el sistema, debemos consumir más bienes. El tiempo libre, entonces, queda convertido en tiempo de consumo, porque en sociedades como la nuestra, el tiempo que no se dedica a la producción o al consumo es considerado cada vez más como una pérdida” afirma el antropólogo Allen W. Johnson.

No siempre fue así. De hecho, todavía hay sociedades que resisten a este sistema. Uno de los últimos habitantes de un pequeño pueblo de España que fue abandonado, contaba: "Para mi todos los días eran distintos, aunque las tareas se repitieran cíclicamente cada año. El cielo que nos cubría variaba de un día para otro. El paisaje variaba a diario, sólo las siluetas de los montes permanecía constante. Monotonía de vida, vista a distancia, desde la lejanía del tiempo, pero allí no lo era tanto, al menos para mí. No era lo que aparentaba ser: era la vida de nuestros abuelos, la de nuestros padres, la que nosotros conocíamos, y nos parecía la mejor."

Viajando a lugares más remotos, un@ se da cuenta de que el concepto de tiempo que tenemos aquí, el de "el tiempo es oro", el que concibe el trabajo orientado a metas sin importar demasiado el proceso o las consecuencias (esquilmar la naturaleza, esquilmar vidas), según la cual todo tiempo debe ser consumido (y en donde el hecho de dejar pasar el tiempo resulta ofensivo), es lo exótico. 
Robert Levine en su libro “La geografía del tiempo” recorre treinta y un países. Cuenta que en Brasil, llegar tres horas tarde es algo perfectamente aceptable, y que en Japón hay un sentido del largo plazo inaudito en Occidente. Así, establece que cuanto más sana es la economía de un lugar, más rápido es su tempo y menos tiempo libre queda por día, y los lugares más calurosos son más lentos. México, Brasil e Indonesia se llevan la palma.
Además, no todo el mundo sigue la esfera de un reloj para medir su tiempo. Evans-Pritchard contaba que, entre los nuer de África, lo que determina el tiempo es el reloj-ganado: la sucesión de esas tareas y la relación que éstas mantienen entre ellas. 
"Los nuer no tienen una expresión equivalente a la palabra "tiempo"en nuestra lengua, y no pueden por ello hablar del tiempo, como nosotros lo hacemos, como si se tratara de una cosa real que pasa, que puede perderse, ganarse, etcétera. Yo no creo que ellos tengan el sentimiento de luchar contra el tiempo, o de tener que coordinar las actividades en función de un transcurrir abstracto del tiempo, ya que sus términos de referencia son, sobre todo, las actividades mismas, que generalmente se efectúan sin prisa."
E.P. Thompson cuenta sobre los nandis, África, que fechan el tiempo según el momento en que tienen lugar los trabajos cotidianos: "Los bueyes han salido a pastar" significa que son las 5 horas 30 minutos. "Se ha soltado a los borregos", que son las 6 horas. 
Y sucede lo mismo en Madagascar respecto a las duraciones: "una cocción de arroz" quiere decir media hora, "una fritura de langostas" significa un instante, o aún se dice: "El hombre estará muerto en menos tiempo del que se necesita para que el maíz quede bien tostado." 
En Chile, el tiempo que duró un terremoto en 1647 se definió en dos credos, y cocinar un huevo se medía con la recitación en voz alta de un Ave María, como aquí una tarea la hacemos "en un santiamén".
En Birmania, de la misma manera, el despuntar del día se designa como el momento en que "hay bastante luz para ver las venas de la mano". 
Los Amondawa de la Amazonía tampoco entiende como el tiempo puede fluir independientemente de los eventos. Tampoco tienen una palabra puntual para “tiempo” ni para ninguna subdivisión arbitraria como mes o año. Para ellos no tiene ningún sentido la idea de “trabajar toda la noche” porque lo que importa es el fruto de ese trabajo y no el intervalo empleado. Tampoco miden su edad en años, sino que se refieren a los distintos hitos de su vida y las distintas posiciones que van ocupando dentro de la tribu, a través de los ritos de paso, conforme pasa el tiempo y adquieren nuevas responsabilidades.
Literalmente, para un Hopi las cosas ocurren cuando se entera de ellas. No existen unidades de subdivisión del Tiempo, sólo el Día, Luna y Estación, y no tanto como un transcurrir temporal como por los cambios que producen en el entorno estos ciclos naturales. Para decir “mañana”, la expresión literal es “mientras la fase matinal ocurra”.
Los despertares matinales no son momentos difíciles para un tuareg. Este se levanta al amanecer y su día comienza con el sol. Al vivir el ritmo que le marca el día y la noche, ignora el sufrimiento del despertar. Vive dentro del tiempo, al ritmo de las estaciones. No existen horas, solo el alba y el crepúsculo. "No llevamos inscrito en nuestro interior que la vida debe seguir rigurosamente las agujas de una esfera. En la escuela, nadie lleva reloj, los niños tienen la intuición del momento. Lo sienten. Además, el maestro no castiga por llegar tarde. El tiempo hay que tomárselo..." cuenta Moussa Ag Assarid.
Pierre Bourdieu describe como los bereberes de Cabilia, del norte de Algeria, describen la prisa como una falta de decoro combinada como una ambición diabólica. El reloj se conoce a veces como "el molino del diablo". No hay un momento concreto para comer, y el quedar para una cita en un momento puntual no existe, simplemente dicen "nos veremos en el próximo mercado" Una canción popular dice "es inútil perseguir el mundo, nadie lo va a atrapar"
Karl Polanyi, antropólogo, tomó prestado esta noción de molino satánico para definir al sistema capitalista:
"¿En qué consistió satanic mill, este molino del diablo, que aplastó a los hombres y los transformó en masas? (...) ¿En virtud de qué mecanismo se destruyó el viejo tejido social (...)?" "La necesidad de ralentizar en la medida de lo posible un proceso de cambio no dirigido, cuando se considera que su ritmo es demasiado rápido para salvaguardar el bienestar de la colectividad, es algo que no debería precisar de una explicación detallada. Este tipo de verdades corrientes en la política tradicional, reflejadas en las enseñanzas de los antiguos, fueron borradas del pensamiento de las gentes."
Las enseñanzas de los antiguos son banales para nosotros. Nos creemos inaugurales ("hemos entrado en una nueva era" "esta es una nueva etapa" "se está escribiendo la historia") y creemos que tenemos poco que ver con el pasado y que del pasado muchas lecciones no podemos sacar porque son radicalmente diferentes. Esto es completamente falso. El caso es que nos vemos obligados a vivir hacia el futuro, pero hacia un futuro no real, como los indios iroqueses que se veían obligados a pensar en la Séptima Generación en todas sus asambleas, sino en un futuro incierto e infinito. Crédito significa hipotecar el futuro en la esperanza de que el trabajo lo rescatará a su debido tiempo. "La ropa de marca, los coches deportivos italianos, la alta tecnología, las frecuentes expediciones de compra, los fines de semana en la costa, los restaurantes caros... Si esto implica endeudarse con tarjetas de crédito, retrasar el matrimonio y vivir en apartamentos libres de niños... ¿cabe imaginar mejor prueba de lealtad hacia los superiores?" se preguntaba Marvin Harris.

"Debemos reubicar el futuro" advertía la antropóloga Margaret Mead. "A juicio de muchos pueblos de Oceanía el futuro reside atrás, no adelante. Los balineses opinan que el futuro se parece a una película expuesta pero no revelada, que se despliega lentamente, en tanto que los hombres están a la espera de lo que les mostrará. Interpretan que es algo que los está alcanzando, y nosotros también utilizamos esta figura retórica cuando decimos que oímos a nuestras espaldas las pisadas implacables del tiempo." 


Y hay mucho más ejemplos: Para los aymara, que viven en los Andes, el tiempo fluye desde la espalda, pues el futuro no lo conocen ni lo pueden recordar, y lo que está al frente (el pasado) es lo que se sabe o se ve. Para los yupno de Papua New Guinea, el pasado es siempre cuesta abajo en la dirección de la desembocadura del río local, ya que sus antiguos llegaron a  esas tierras por ese lado. La lengua de los boruya distingue cuatro formas de pasado: un pasado lejano, el de los fundadores; un pasado social de la historia del pueblo mismo; el pasado ordinario, el de la memoria de cada quien; y el pasado próximo, el de la noche que precede al día. El futuro como tal no existe, sólamente sirve para la repetición de estos tiempos del pasado. 
Lévy-Bruhl explica que cada tribu aborigen (Australia) posee un término especial para designar el pasado mítico, pero todas la designan como un "Sueño": es el tiempo de lo insólito o maravilloso, en que "lo extraordinario era la regla"

Si hay algo que nos distingue de los demás animales es nuestra capacidad de soñar, de imaginar historias que inventamos no sólo para fantasear y distinguirnos de los Otros, sino para prevenir. Todos los pueblos tienen sus propios mitos, y aunque se nos hayan olvidado, nosotros no somos menos. Nuestros antiguos también nos advirtieron de los peligros del Tiempo, y nos instigaban a matarlo. Santiago Alba Rico nos recupera uno, y relata: "El mito griego cuenta que Cronos (Saturno) devoraba a sus hijos nada más nacer, de igual manera a como los años los días y la horas se consumen sin cesar en el pasar inevitable del Tiempo. En esas condiciones era imposible cualquier tipo de vida política humana. Era como si el viento echase abajo todo cuanto los dioses y los hombres intentaban construir. Así, era imposible sentarse a hablar, a dialogar, a legislar. La ciudadanía era imposible, porque éstos no encontraban nada sólido a que agarrarse, ni un totem, ni un rito, ni una costumbre, ni siquiera la lengua permanecía, todo se lo llevaba el viento, el tiempo. Zeus consiguió derrotar a su padre Cronos. El Tiempo dejó de reinar. Sin duda, seguía pasando el tiempo, pero ya no era el dueño de todo. Los hombres pudieron levantar instituciones, palacios y templos, legislar costumbres y hablar, dialogar. El Tiempo retrocedió y la Palabra ocupó su lugar. Y se hizo "cultura".
Y es que en griego, ocio se decía “skhole”, de donde viene la palabra “escuela”. 
Pero a nosotros nos divierten, nos entretienen, nos distraen.
O sea, no aprendemos y ni siquiera somos medianamente conscientes de lo que hacemos con nuestro tiempo, y la vida no solo se nos pasa distraída, sino demasiado rápida. 

Nuestra manera de vivir es, como afirma un maestro budista, "hacer la limpieza de la casa en sueños". Nos decimos que queremos dedicar tiempo a las cosas importantes de la vida, pero nunca tenemos tiempo. Sogyal Rimpoché lo llama "la pereza occidental": "consiste en abarrotar nuestra vida de actividades compulsivas a fin de que no quede tiempo para afrontar los verdaderas problemas. Parece que nuestra vida nos vive, que posee su propio impulso imprevisible, que se nos lleva; en último término, nos parece que no tenemos elección ni control sobre ella". 

Gracias al zen, las personas aprenden a estar plenamente en lo que se hace, y consiguen concentración y habilidad. 

- Maestro, ¿qué haces tú para estar en el camino verdadero?.
- Cuando tengo hambre, como; cuando tengo sueño, duermo.
- Pero esas cosas las hace todo el mundo.
- No es cierto. Cuando los demás comen piensan en mil cosas a la vez. 
Cuando duermen, sueñan con mil cosas a la vez. Por eso yo me diferencio de los demás.
Es estar intensamente aquí, ahora, borrando el ego y olvidando lo que ha sido y lo que será, una actitud de concentración absoluta en lo que está pasando y de maravillarse ante las cosas más corrientes de la vida, para percibir así:


Copos de nieve,
cayendo suavemente: 
cada uno en su sitio.
(Haiku japonés)
 
¿Y porqué no ver la caída de la nieve como una experiencia inolvidable? Resulta que, biológicamente, nuestra noción del tiempo es cambiable, como lo son las ilusiones ópticas y, durante un hecho muy emocionante, ya sea por miedo, estrés o cualquier otro momento intenso, la amigdala interviene para retener esta información importante y retiene esos recuerdos de manera más rica, más densa, para archivarlo para próximas ocasiones parecidas. De modo que cuando se vuelven a leer más tarde, la sensación es que duró mucho. De esta manera, nuestra vida se hace más rica, más intensa y más larga.  
Pero en un mundo dedicado a la distracción, el silencio y la quietud nos aterrorizan, y nos protegemos de ellos por medio del ruido y las ocupaciones frenéticas. Contemplar la naturaleza de nuestra mente es lo último que nos atreveríamos a hacer. Y sin embargo "La sombra es la ropa del tiempo", dice un proverbio japonés.
“El relámpago se me hace largo” (“l'eclair me dure”) escribió René Char. "Pues bien" afirma Alba Rico, "a nosotros, los relatos se nos hacen largos; los libros, las catedrales, las explicaciones, las conversaciones se nos hacen largas; la muerte de 3.000 personas o la de 1.000.000 se nos hace larga; la realidad misma se nos hace larga. Y también, claro, la revolución se nos hace larga."
 
Tanto es así, que en seguida nos cansamos de ella. Según el antropólogo E. R. Leach, si algo es común en todas las culturas sobre el tiempo de la vida social, no sería ni el tiempo lineal ni el circular, sino un péndulo caótico, cuyas alternancias pueden ser esperables, pero no por fuerza previsibles ni precisables. "Una discontinuidad de contrastes repetidos". Un mundo que no se puede atrapar, como decían los bereberes de Cabilia. Son los acontecimientos sociales los que forman el tiempo social, son las personas y su mente de péndulo caótico las que hacen el tiempo, no al revés.
El nieto de Cronos, es Kairós, en la mitología griega responde al "momento adecuado para hacer algo". Por eso, Kairós tiene alas, él si es rápido porque su mente está educada y el tiempo es un péndulo caótico; y porta una balanza desequilibrada, porque el equilibrio no es una de sus mejores virtudes, al igual que el tiempo.     "¿Qué sucede si ya no hay mitos?", le pregunta el periodista Moyers al antropólogo Joseph Campbell.
“Basta leer el periódico.”, responde Campbell, “Es un desastre”.   
"Ahora leemos las noticias con la misma actitud fatalista o derrotista con la que leemos la noticia del tiempo." asegura Manuel Cruz, filósofo, "Se avecina una borrasca" o "sube la prima de riesgo" lo leemos exactamente con la misma actitud. No tiene nada que ver con nosotros, no podemos hacer nada. Con la borrasca llevaremos un paragüas, para la prima de riesgo nos prepararemos para cuando nos recorten el sueldo. Hay que recuperar la voluntad de protagonizar nuestra propia historia."
"El abandono del pasado no ha significado el alimentar el futuro entendido como el lugar imaginario donde albergamos nuestros sueños. Lo que hay es un gran presente voraz que se lo come todo."
“Cuando el hombre se pone al servicio de la sociedad, tienes un Estado monstruo, y eso es lo que está amenazando al mundo hoy" , afirma Campbell.



Fuentes:

"Entre cronos y kairós: las formas del tiempo sociohistórico". Guadalupe Valencia García.
"El naufragio del hombre" Santiago Alba Rico, Carlos Fernández Liria.
El libro tibetano de la vida y la muerte- Sogyal Rimpoché. 
“Cultura y compromiso: estudio sobre la ruptura generacional" Margaret Mead.
“La evolución de las sociedades humanas” Allen W. Johnson.
"La gran transformación" Karl Polanyi. 
"Memoria de un montañés" José Satué Buisán.
"Los Nuer." Evans-Pritchard
"Oriente y Occidente", Luis Racionero.
Robert Levine en su libro “La geografía del tiempo”
http://www.antropologiaurbana.com/wp-content/uploads/LA-MITOLOGIA-AMERINDIA-Mercedes-Fernandez-Martorell.pdf
http://es.scribd.com/doc/139337602/Historia-Oral
http://tems.umn.edu/pdf/EPThompson-PastPresent.pdf
http://www.rtve.es/alacarta/audios/carne-cruda/carne- cruda-filosofar-tiempos-revueltos-29-05-12/1423195/
http://www.veoverde.com/2011/05/amondawa-la-tribu-amazonica-que-no-concibe-el-tiempo/ 
http://www.youtube.com/watch?v=rh99hXkot94
http://neofronteras.com/?p=3849
http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1207/s15516709cog0000_62/pdf
http://pss.sagepub.com/content/21/11/1635
http://astropuerto.com/?p=394
http://www.revistaesfinge.com/culturas/mitologia/item/693-92joseph-campbell-y-el-poder-del-mito

Saturday, September 14, 2013

El relativismo y el etnocentrismo: no todo vale.

"El antropólogo no tiene por qué afirmar que todas las culturas son buenas, pero está en la obligación de someter a todas, incluídas las propias, a la misma crítica negativa" 
Pedro Tomé, antropólogo.

"Que haya regímenes autoritarios o democráticos en el mundo no es problema para el antropólogo, sino para el ciudadano."
Claude Lévi-Strauss, antropólogo.


"Volvía a casa en un tranvía una tarde de agosto desde el campo en el que enseñaba durante algunas vacaciones de verano cuando estudiaba. Hombres blancos y negros que habían estado trabajando al sol subieron al tranvía. Estaban sucios y sudorosos. Una mujer blanca que estaba a mi lado se quejó del olor de los negros; efectivamente, olían. Me pregunté que pasaba con los trabajadores blancos, y me acerqué a ellos; también olían. El traje azul de algodón que yo llevaba estaba húmedo de sudor a causa del duro día que había tenido. Entonces me di cuenta de que... ¡yo también olía!. Fue un descubrimiento"


Hortense Powdermaker (1966)
El etnocentrismo es una actitud que consiste en considerar al grupo o cultura propia como superior, y es despreciativo respecto a otros grupos y culturas. Todos grupo desprecia a los demás, aunque la forma de hacerlo puede variar culturalmente.

La forma más simple de etnocentrismo es que una persona asuma ingenuamente que las premisas culturales son las mismas en todas partes. Todos nosotros somos problablemente culpables de esta clase de etnocentrismo, y nuestro enfoque  parte de la tradición histórico-político occidental.  
Esta posición universalista mantiene que existe un criterio moral aplicable a todos los grupos humanos, y se opone a la postura relativista que argumenta que los derechos son relativos al contexto cultural específico en el cual se desarrollan. 
Y aquí viene el gran debate de la antropología y no sólo de esta disciplina... Los relativismos.

El relativismo cultural aparece como una respuesta al etnocentrismo, en base al argumento de que los valores de una sociedad dependen del sistema cultural en el cual se originan y por lo tanto no puede haber un criterio universal.


Ojo! El relativismo cultural no toma por objeto los juicios morales, uno es relativista cultural como consecuencia de su conocimiento antropológico. El antropólogo Angel Diaz de Rada lo explica así "Simplemente, dado el conocimiento antropológico acumulado tras década de investigación empírica, los antropólogos sostenemos que, de hecho, hay muchos órdenes morales diferentes, muchas formas diferentes de interpretar lo que ha de ser entendido como buena vida, lo que ha de ser entendido como deseable. Y nos gusten o no nos gusten esas formas de vida, el único modo de empezar a entenderlas es percibirlas como diferentes." La metodología que utiliza, por tanto, es el relativismo metodológico, que implica una renuncia profesional a los juicios morales (como un/a médico que llorará si un ser querido ha fallecido por cáncer, pero deberá aparcar sus lágrimas en la medida de lo posible si quiere investigar un tumor maligno y tener un mayor entendimiento objetivo y neutral del tumor)



Un ejemplo práctico es el de Adriana Kaplan, antropóloga, que propuso un rito de iniciación “alternativo” en Gambia: un rito de paso que incluyera la significación psicológica de “convertirse en mujer”, que fuera aceptable para su cultura, y que no incluyera la mutilación genital como elemento.  

"Nosotros pretendemos un cambio desde el respeto, entendiendo su cultura. Por eso la vicepresidenta de Gambia estaba tan encantada con el proyecto. “Usted ha visto con ojos africanos”, me decía. Nuestra propuesta alternativa permite seguir manteniendo el significado del ritual. El gobierno de Gambia ha dado la bienvenida a este proyecto, porque estamos invirtiendo en el país, dejamos el conocimiento en su gente y sin que les cueste nada." 

"Se nos ha acusado desde sectores feministas radicales de defender prácticas que atentan contra los derechos. No es cierto. La obligación que tenemos no es relativizar, es comprender y no juzgar. Y desde la comprensión, proponer. Eso es lo que hacemos."


Luis Pancorbo, periodista y antropólogo, ha recorrido el mundo con una actitud que lo sitúa a medio camino entre la aventura y la antropología, y asegura que “Si tuviera que implicarme en las creencias de todos los pueblos que he conocido, en estos momentos sería ya incapaz de descubrir el bien y el mal. Por lo tanto en eso sí que tengo un cierto acercamiento antropológico, trato de ser un observador participante. No creo que existan verdades supermayúsculas.”
Eso sí, añade: 
“Cuando he filmado cómo los yanomami beben un puré de plátanos sobre el que arrojan las cenizas de sus muertos, soy consciente de que una parte de los espectadores puede conceptuarlos como salvajes. Probablemente no hay otra cosa que pueda repeler más a nuestra cultura que la muerte, y eso es algo que condiciona la perspectiva del telespectador. Pero no creo que por ese prejuicio deba renunciar a ofrecer estos planos, por cruda, diversa o ambigua que pueda parecer esa realidad a la hora de ser descodificada. Obviamente, ese tipo de situación puede originar un debate controvertido y complejo, dado que la propuesta relativista puede no ser válida en todas las circunstancias. De hecho, ninguna cultura es inocente y siempre hay reglas de dominio. Por eso, al abordar cuestiones como la ablación del clítoris o la lapidación de las adúlteras, hay que tomar partido y denunciar su práctica, se esté o no en televisión.”
Del relativismo de la que hablan tanto Adriana Kaplan como Luis Pancorbo es la propuesta del relativismo moral.


Paul Bohannan, antropólogo, cuenta:
"En 1950 me encontraba haciendo trabajo de campo entre los tiv de Nigeria Central. Una tarde, un tiv regresó de bañarse en el rio local. Metió la cabeza en mi cabaña para decirme que ya había vuelto. Le pregunté qué habia pasado. Me contestó: "No mucho. Se ha ahogado un hombre"
Inmediatamente salté ¿Qué? ¿¿Ahogado??

"¿Conoces el lugar del río donde el fondo cae de golpe? Bueno, era extranjero. Perdio pié, y no sabía nadar." 



"¿Nadie le salvó? ¿No intentaste tú salvarlo?" (Yo sabía que era un gran nadador)



La respuesta fué demoledora: "No era mío"



Entendí perfectamente lo que quería decir. Los tiv se toman molestias para prestar algún servicio a sus parientes, pero no cualquiera. Me encontré odiándole a él y a sus valores porque me habían enseñado a pensar que una vida humana es una vida humana, sin importar de quien sea. Pensé -y sigo pensando- que no le hubiese costado demasiado rescatar a aquel extraño.



Una semana más tarde, cuando estaba hablando con el mismo ayudante sobre las familia tiv, mencioné que no veía a mi madre desde hacía casi cinco años. Me miró horrorizado: ¿Quieres decir que no vas a tu casa a ayudar a tu madre?" Intenté decirle que nos escribíamos, que nos manteníamos en contacto, que ella no necesitaba mi ayuda. Mis explicaciones no sirvieron de nada, estaba tan ultrajado por mis valores como yo por los suyos. Después de considerarlo una y otra vez durante años, todavía creo que los míos son mejores. Sin duda él sigue creyendo que los mejores son los suyos."


El relativismo moral dice "tú eres capaz de hacer juicios morales, entonces no es lícito que no los hagas porque no todo vale." Y desde este enfoque, Bohannan "se ha mojado", y desde su óptica moral, opina que es intolerable dejarle ahogar a una persona, sea quien sea, y desde su óptica moral, cree que es mucho menos malo no tener tanto contacto con una madre. El tiv opina que es mucho peor ésto último. 
El relativismo moral afecta a la esfera de las creencias morales de las personas, de todas ellas, ya sean antropólog@s, políticos, albañiles o catedráticos. Tod@s tenemos derecho a opinar sobre lo que es para nosotr@s la buena vida.
Aquí aparece una forma más compleja de etnocentrismo, cuando la gente sabe perfectamente que existen diferencias culturales, pero que en lugar de tratar de comprenderlas y ver la humanidad común a través de las diferencias, consideran a la otra cultura como incorrecta, inmoral, inferior, o en el peor de los casos perversa. O al contrario: como una cultura casta y pura, sin maldad ninguna, o el mito del "buen salvaje".
De hecho, aquí viene la forma más compleja, y el primer paso más allá del etnocentrismo: supone darse cuenta de que otros pueblos... ¡también son etnocéntricos.!
Pero puede ocurrir también lo contrario que, en nombre de la cultura o en la idea suprema de preservar y salvar esa especificidad cultural en este mundo globalizado, preferimos mantenernos al margen de muchas cuestiones y no opinar, porque "es otra cultura diferente y no comprendemos". Este quizás es el relativismo más criticado, quizás por ser el más cómodo y extremo, y es el "como no lo entiendo, por si acaso, no lo critico: todo vale"
En uno y otro caso, sometemos a juicio moral las vidas de los otros sin ser copartícipes de esas vidas y arrebatándoles su protagonismo como agentes morales, "todo para la gente, pero sin contar con ella" 
Y, por lo tanto, en uno y otro caso, vemos la cultura como si no la crearan las personas, como si fuera algo estático a lo que hay que adorar. La historia, la tradición, la cultura, es algo creado y recreado por las personas, es decir, es algo que sirve a las personas, y no al revés.
Es lo que Edward Said planteaba en su libro Orientalismo, un libro que critica el pensamiento colonial occidental que representa lo oriental como algo exótico, decadente y corrupto, y que "se nos da ya definido, acotado y dispuesto de una forma cerrada y acabada." Y una cultura así, no existe, por suerte.
Entonces ¿como hay que tomarlas, cómo estudiarlas de manera objetiva?? 
"Hemos de ser sensatos" dice Luis Pancorbo "muchos antropólogos tienen discusiones periódicas para refundar su ciencia, que es muy versátil. El subjetivismo resulta imposible de extirpar, puesto que el etnólogo y el realizador de documentales televisivos siempre tendrán que utilizar su estructura mental y lingüística para traducir y dotar de un sentido a esa otra realidad.” 

Y es que no debemos olvidar que ese mito del poder de la ciencia, el que aboga por una ciencia totalmente objetiva y neutral, es también un mito propio de la idea occidental que propuso como incontestable el número: todo lo que se puede pensar, contar o medir. Sin embargo, hay muchos elementos cualitativos que son esenciales para vivir. Quizás, quien sabe, el/la médico que estudia el tumor lo hace por y pensando en su ser querido fallecido de cáncer y, es más, no quiere que nadie lo sufra más.
Por eso, Marc Augé tiene un truco que va por este camino, y es bien simple, de hecho, es una herramienta que los seres humanos la hemos ido desarrollando durante toda nuestra existencia, y que a veces parece en peligro de extinción: la empatía. 
"Podríamos tener todo un debate sobre las nociones de tolerancia, de relativismo, que son nociones ambiguas, pero ¿qué es la tolerancia? Que yo piense que tú tienes derecho a equivocarte y que esto es recíproco. En realidad, no pienso como tú, pero creo que tengo razón, claro que también puedo equivocarme. Sin embargo, no puedo decir que se puede pensar cualquier cosa y no tengo respeto hacia ciertos aspectos de algunas “culturas”, ya que, por ejemplo, para mí una mujer es exactamente igual que un hombre, a nivel teórico no tengo ningún respeto intelectual por las posiciones que dicen que hombres y mujeres tienen su puesto. Está claro que no voy a hacer la guerra, pero podemos pensar que tenemos que hacer un esfuerzo. Mañana la moda intelectual puede cambiar y lo importante me parece el individuo. La cultura se puede reivindicar por parte de los individuos, diría mejor “las culturas”, en esa mezcla que hay siempre, pero no hay que partir de la cultura, sino que hay que tomar al individuo como punto de referencia».

http://www.antropologiaurbana.com/wp-content/uploads/ENTREVISTA-A-CLAUDE-LEVI-STRAUSS-Mercedes-Fernandez-Martorell.pdf
http://www.elblogalternativo.com/2009/11/05/adriana-kaplan-antropologa-en-la-lucha-contra-la-ablacion-se-estan-violando-otros-derechos-humanos/
"Cambiar las gafas para mirar el mundo. Una nueva cultura de la sostenibilidad." Yayo Herrero, Fernando Cembranos y Marta Pascual (coords.)
"Para raros, nosotros." Paul Bohannan.
"Cultura, antropología y otras tonterías". Ángel Díaz de Rada.